Educación y buenas maneras

Trata a los demás como te gustaría ser tratado

Lo que no podemos permitir es que, inmersos en una sociedad de consumo, donde predomina cierto pragmatismo que hace al hombre egoísta, perezoso y en cierto modo agresivo, se destruyan las buenas costumbres con el pretexto de estar al día.

Los modales cambian, pero la necesidad de un cierto comportamiento digno sigue siendo la misma. Sin buenos modales la vida acaba por convertirse en un caos y los seres humanos no pueden soportarse los unos a los otros.

Conocer las reglas de buena educación nos produce una sensación interior de bienestar personal y nos hace sentir a gusto con los demás y a los demás les gusta estar con nosotros. “Trata a los demás como quieres que ellos te traten a ti”.

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Donde hay educación, no hay distinción de clases… Confucio.

El protocolo diario

Cada día el mundo parece tornarse más áspero e inhumano. Muchas veces entramos a una oficina y damos los “buenos días” sin que nadie se moleste en contestarnos. Otras, prestas un servicio a alguien y no solo no escuchas “gracias” sino que no recibes tampoco una sonrisa. Es como si las personas salieran tan presionadas desde sus hogares por el cúmulo de cosas que deben realizar durante el día, que están de antemano cansadas y malhumoradas.

Las primeras referencias que se tienen de este proceder se vinculaba a la actitud y maneras de comportarse alrededor de una mesa. Ya a finales de la Edad Media la educación es materia de enseñanza desde la infancia y será el auge de las cortas reales cuando nace el término “cortesía”.

La sencillez se transmite en aquella persona que nunca intenta sobresalir por encima de los demás y que está dispuesta a reconocer los valores que tienen otros.

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La discreción es parte esencial en la calidad de la convivencia, evita la impertinencia, el abuso y es el pilar de una buena amistad.

La exteriorización de los sentimientos es algo inevitable en la interacción entre las personas, pero la forma de demostrarlos transparentan claramente el dominio de si mismo. Los gritos cuando vemos una película en el cine, la carcajada estruendosa, la cólera ante una situación injusta e incluso el morderse las uñas, denotan una falta de control.

¡Cuantas veces nos hemos encontrado con personas que parecen saber de todo, opinando sobre cualquier materia aunque no tengan ni idea! Esta actitud además de la falta de sencillez anteriormente mencionada, lleva a meteduras de pata y equivocaciones. Pero también sería de muy mal gusto que la persona que escucha contestara cortantemente, se dejara llevar por la soberbia y diera una clase magistral al “sabelotodo” para demostrarle su ignorancia. Es la elegancia traducida en prudencia -no gesticulando de manera impertinente-, en serenidad -conteniendo el comentario cortante- y por último, dejar pasar por alto la opinión mal dada, haciendo uso de la comprensión.

Dos puntos importantes a destacar son la amabilidad y cordialidad referentes de una buena educación, ya que una sonrisa es uno de los gestos mejor recibidos por las personas.

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Por último, no hay que olvidar la puntualidad. Quien espera podría utilizar su tiempo en otra cosa y no en mirar el reloj contando los minutos de nuestro retraso.

La cortesía se demuestra en situaciones habituales:

  • Colocarse a la derecha de quien porta el paraguas, ya que si nos situamos a su izquierda tendrá que estirar el brazo para taparnos (con personas diestras).
  • No robar el estacionamiento a quien está esperando, ceder el asiento a ancianos o mujeres embarazadas.
  • Presentar a cada uno de nuestros invitados si somos el anfitrión de una fiesta con pocos invitados.
  • Responder siempre a las invitaciones con tiempo suficiente para no perjudicar a la persona que nos invita.
  • Al despedirse o saludar a alguien, si se está fumando, reposar el cigarro en el cenicero más cercano o apagarlo.
  • Esperar al vecino que viene corriendo hacia el ascensor.
  • Quitarse los guantes y las gafas de sol al saludar a alguien.

Si se profundiza en lo anteriormente expuesto, veremos que al contemplar este tipo de reglas en nuestras vidas conseguiremos hacer nuestro mundo más agradable.

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La deficiencia en la educación

Los buenos modales y las buenas costumbres se aprenden desde pequeños y es nuestro hogar en donde se nos deben brindar las bases de nuestra formación como buenos ciudadanos.

El retorno del bueno comportamiento humano es el único camino para que la vida se desarrolle con respeto y solidaridad.

Hace años en la escuela primaria existía una asignatura llamada “civismo” que fue eliminada de los programas académicos, justamente cuando estamos asistiendo al aumento de la violencia entre la juventud estudiantil. De esta manera se manifiesta la carencia de buenos modales, junto con la desintegración familiar y la falta de ejemplo por parte de algunos padres y algunos dirigentes.

Que aprendamos el valor de las palabras tan sencillas, como: “permiso, perdón, y gracias” no nos perjudica en nada; por el contrario; dejan en alto nuestra buena educación.

Hábitos que son de mal gusto

  • Chuparse o morderse un mechón de pelo.
  • Morderse las uñas.
  • Sentarse con las piernas separadas o con las piernas cruzadas o torcidas de manera poco convencional.
  • Masticar chicle.
  • Fumar sin haber pedido permiso a los presentes.
  • Tener un cigarrillo en los labios mientras se habla.
  • Hacer que los demás se sientan culpables o incómodos mientras comen algún delicioso postre solamente porque usted debe abstenerse debido alguna dieta.
  • Rascarse o pellizcarse la cara.
  • Cometer la indiscreción de hacerle una pregunta íntima a alguien en voz alta.
  • Aplicarse maquillaje o peinarse en la mesa de comer.
  • Usar rulos en el cabello estando en público.
  • Llevar uñas partidas o maltratadas, o peor aún, sucias.
  • Hablar demasiado o en detalle de excentricidades personales: operaciones, enfermedades, neurosis, alergias o accidentes.
  • Introducir pedazos de comida demasiado grandes en la boca.

La urbanidad necesita a cada paso el ejercicio de una gran virtud, que es la paciencia.

Para llegar a ser verdaderamente cultos y corteses no nos basta conocer simplemente los preceptos de la moral y de la urbanidad; es además indispensable que vivamos con la firma intención de acomodar a ellos nuestra conducta.

Imágenes: Pixabay y Freepik

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