Educación y buenas maneras II

Etiqueta en la calle

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Debemos pedir disculpas si hemos molestado a los demás.

La más elemental cortesía prescribe unas amables palabras de excusa cuando, por la razón que fuere, hemos molestado a los demás.

Cada día crece el número de personas que piden dinero en la calle, algunos de forma pacífica y otros, de modo agresivo. Nuestra decisión debe permanecer a la hora de negarse a dar o no, pero en todo caso no debemos insultar ni maltratar a dichas personas, ni tratar de darles en ese momento una clase magistral de buenos modales.

Si nos detienen en la calle para hacernos una “encuesta” se puede proceder de igual manera, es decir, cortésmente y no dejarles con la palabra en la boca. Recuerda que ellos están realizando un trabajo y esperan ser tratados con una mínima cortesía.

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Normalmente el hombre va caminando por el lado de la acera que limita la calle. Tiene su origen: el caballero protegía a las damas de un posible accidente dada la proximidad con el movimiento de “carruajes” o “coches”. Actualmente, esa norma social no es válida en su totalidad, pues es tal el número de peatones, que es un imposible mantener ese orden. Cuando una pareja va sin muchas personas alrededor, sí vale tal código social.

Es imprudente caminar fumando por la acera. Mejor disfrute de su cigarrillo en un sitio donde no moleste ni provoque un incendio.

Los buenos modales en cuanto a abrirle las puertas y cederle el paso a las damas siguen vigentes y no hay dama que no aprecie este gesto.

Encuentros fortuitos:

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Considera si es prudente interrumpir.

Si en un lugar público nos encontramos con un amigo que se halla en compañía de otra u otras personas, antes de precipitarnos, irreflexivamente a saludarle, consideremos si nuestra presencia será bien recibida. Puede que acercándonos interrumpamos una reunión importante o una conversación trascendente. A poco que intuyamos que nuestra presencia puede ser molesta, será preferible mantenernos a la espera de su reacción, que sea él quien marque la pauta de lo que debemos hacer.

La relajación de las normas de cortesía trae muchas veces consigo una mayor dificultad en el comportamiento social porque deja a la libre decisión de cada uno la forma en que debe actuar. Así sucede, por ejemplo, con el besar la mano a las señoras como forma de saludo. Hay quien opina que esto ya no se hace. Pero no es exacto. Hoy día puede pasar perfectamente con un apretón de manos, pero puede suceder también que se encuentre en una recepción oficial. Solo se besa la mano en locales cerrados, nunca en la calle. Tampoco se besa la mano de nadie a través de una mesa. Asimismo no es de buen gusto establecer diferencias, besando una mano sí y otras no. Lo cual no impide que, en una reunión, puedas besar la mano de la anfitriona sin tener que hacer lo mismo con las de las restantes invitadas.

En general, en el beso en la mano a la mujer hoy día se ha convertido en un estrechón de mano (eso sí, mucho menos enérgico que si se trata de estrechar la mano de un hombre).

Descubrirse o no:

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El mimetismo creciente con los hábitos y estéticas norteamericanos, por desgracia cada vez más abundante, ha implantado la omnipresentes gorras de beisbol que de los niños han pasado a los mayores no sólo en el ámbito deportivo, sino para cualquier momento del fin de semana. Hay, incluso, quien considera que su descanso semanal empieza cuando se encaja su gorra de llamativos colores.

¿Se debe uno descubrir cuando entra en espacios públicos antes citados? No necesariamente.

Siempre que el lugar sea amplio, como en unas galerías comerciales, no debe hacerse hasta el preciso instante  en que entramos en un recinto más pequeño como puede ser una tienda o una cafetería.

Naturalmente, estemos donde estemos, así sea un estacionamiento público o en plena calle, nos descubriremos cuando se trate de saludar o detenerse a hablar con una persona (en el caso de amistades muy cercanas puede llegar a obviarse). También si el encuentroes momentáneo, en vez de descubrirse, se puede suplir llevándose la mano a la visera de la gorra durante un instante, haciendo ademán de quitársela.

Será también obligatorio descubrirse a la hora de sentarse a comer en el interior de un restaurante o cafetería, reservándose el uso de la visera para las terrazas, si pega muy fuerte el sol.

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